¡Cuando los niños dicen la verdad!

¡Los niños tienen unas ocurrencias increíbles! Y cuando dicen la verdad… ¡Ouch! Muchas veces duele. Uno piensa que ellos no se fijan en las cosas ni en los detalles, pero qué equivocados estamos.

Mis hijos no se quedan atrás, sobre todo Lucas, el más pequeño. Es tan sincero y todavía no tiene desarrollada completamente la malicia de ser ‘políticamente correcto’ al hablar. Y eso que ha mejorado.

Recuerdo que el año pasado estaba sentado en la cocina a uno o dos pies detrás de mí observando lo que yo hacía. En una de esas le di la espalda, abrí el horno y me incliné para poner dentro del horno una bandeja con lasagña. Después de unos segundos interrumpió el silencio para decirme:

“Mami, ¿Sabes qué?”
“¿Qué?”, le pregunté.
“Que tienes que rebajar.”
Esa respuesta fue como un balde de agua fría en mi espalda y tan bobita que seguí preguntando.
“¿Dónde ves que estoy gorda?”
“En los muslos, en las caderas, en…” y por ahí siguió. ¿Para qué pregunté? ¡La verdad duele!

En otra ocasión hicimos una salida con el grupo de homeschoolers a un supermercado del vecindario donde la anfitriona nos habló del reciclaje y nos dio un recorrido por las diferentes secciones de la tienda mostrándonos cómo reciclaban. A todos los niños le hicieron preguntas y cuando llegaron al mío le preguntaron que si le gustaba reciclar. Cualquier otro niño hubiera dicho que sí porque la charla era sobre eso, pero Lucas dijo: “No porque paso mucho trabajo.” Yo pensé: “Trágame tierra” de la vergüenza, pero es que él se refería al hecho de que esa es una responsabilidad semanal que le tengo encasa como tarea que le da trabajo hacerla: recoger y colocar el reciclaje en el garage. El no se refería a que no le gustaba el hecho de reusar material reciclable en sí.

¡Así son ellos! Sinceros, honestos y ocurrentes y a veces nos cuestan vergüenzas y baldes de agua fría.

 

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