Mis hijos y su programa de tv: Cocina Calzada

video de Pablo haciendo salsa alfredo

Les confieso que antes cocinaba por sobrevivir. Hoy cocino por placer, por economía, para retarme y para comer más saludable y natural…aunque de vez en cuando hago recetas no tan saludables. Mi esposo dice que antes cocinaba, pero que ahora le pongo amor y dedicación a lo que preparo. Esto es 100% verdad.

En casa la comida juega un papel importante. A todos nos encanta comer bien, con buen sabor y con buena presentación. Mis niños han aprendido esto y lo reflejan en su manera de servirse la comida, en que les encanta cocinar conmigo (y verme cocinando), en que les gusta hacer la compra  y en lo mucho que disfrutan cuando estamos juntos comiendo en la mesa. A ellos les encanta que comamos juntos y  han aprendido  a poner la mesa muy bien.

Les doy libertad en la cocina y de vez en cuando les pido que se preparen sus propios almuerzos, desayunos o meriendas. Muchas veces se hacen platos fríos como sandwiches, cereales o yogur, pero otras veces quieren platos calientes como huevos fritos, huevos revueltos, sandwiches de salmón (sí, son exclusivitos ellos), tostadas o pasta. Yo los he animado a aprender a cocinar, así que cuando quieren algo caliente  dejo que lo hagan bajo mi supervisión.

En este video que les voy a presentar verán a mi hijo mayor preparando  salsa Alfredo hecha en casa para untarla en su pasta. Es uno de sus platos favoritos. Lucas, el menor, está grabando el ‘programa televisivo’ que ellos inventaron: Cocina Calzada. A cada rato juegan a que son chefs y nos hacen una demostración de sus talentos culinarios y televisivos. El video contiene bloopers (equivocaciones o metidas de pata) pero se los dejé porque son cómicos.

 

Además de ingenioso, ¿no es esto un informe oral? Pues sí. Él se preparó,  investigó cómo se hacía y explicó los pasos de esta receta. Lucas y él decidieron las partes técnicas de cuándo iban a grabar, dónde colocarse, qué decir. Toda actividad diaria conlleva aprendizaje, no tiene que ser aburrido o difícil para considerarlo aprendizaje. A veces nos equivocamos y pensamos: “no es aprendizaje si no está sentado, escribiendo o con un libro de frente”. Yo he experimentado que cuando más aprenden es cuando están trabajando un tema divertido, cuando leen  libros que a ellos les gusta  o preguntan sobre un tema de su interés. Hay que estar atentos a sus gustos y aprovecharlos para darle rienda suelta a su interés y al aprendizaje genuino y espontáneo. 

Los hombrecitos de mi casa

¡Que orgullosa me siento de mis dos nenes! Hoy les tocó ir conmigo a lavar la ropa a la lavandería luego de terminar la escuela. Ellos fueron muy contentos porque los dejé ver una película antes de salir y porque saben que siempre les llevo merienda.

Ellos se portaron excelente y disfrutaron de su ‘estadía’ allí. Lucas se estacionó literalmente a ver la lavadora dando vueltas y su parte favorita que es el ciclo de exprimir la ropa…cuando la lavadora se vuelve loquita y va a las millas. Pablo por su lado se puso a ver una película en el celular y a mirar para afuera.

Pero me sorprendieron tanto que es como si les hubiera pedido ayuda en algún momento y todo hubiera estado sincronizado. Cuando iba a lavar la ropa, Lucas se ofreció a meterla en la máquina y luego al terminar se encargó de sacarla y ponerla en la secadora. Esto último le gustó porque se metía casi completo en la máquina y le daba vueltas al tambor de la secadora. ¡Ese es Lucas! El casi hizo el conteo regresivo de año nuevo porque estuvo pendiente de cuántos minutos faltaban para terminar el secado. Echó la ropa seca en un carrito no sin dejar de oler casi todas las piezas de ropa y diciendo: “ajjjjj, que rico huelen”…y las llevó a la mesa donde la doblo.

Tan pronto la ropa llegó allá, Pablo se levantó como un resorte y me dijo que iba a doblar la ropa de ellos. Increíble. Si vieran la organización que tenía. Lo estaba haciendo tal y como yo lo hago. Me decía: “mira mami aquí va la ropa de Lucas que va en el closet y aquí la mía, en este otro lado las pajamas mías y las de Lucas acá, la ropa interior en este lado y las camisas.” Me ayudó a reducir el tiempo a la mitad de lo que hubiera pasado si la hubiera doblado  sola.

Cuando llegué al edificio, se preocuparon en atender VOLUNTARIAMENTE toda la ayuda que necesité: abrieron la puerta, subieron conmigo las bolsas de ropa y el carrito. Guardaron sus zapatos y abrigos y dejaron todo en orden. Y para colmo, cuando les di comida me dijeron que me querían mucho.

¡Todo el esfuerzo, dedicación y amor que hemos invertido en ellos ha dado resultado! Esos son los hombrecitos de mi casa. Gracias a Dios por dejarme disfrutar y maravillarme de mis hijos. Eso es un regalito para recordar en esos momentos en que los días no corran tan perfectos como el de hoy.

¿Qué te enorgullece de tus hijos o cómo ves que tu esfuerzos como padre o madre están dando resultado?